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Un agujero en la alambrada

Un agujero en la alambrada es el título de un libro para niños que leí hace muchos años (unos 18 más o menos) y cuyo final apenas recuerdo, pero creo que no hubiera sido el final que yo hubira elegido, aunque eso da igual, muchas veces no recordamos los finales porque a veces no son lo más importante, bueno… Sin final no habría historia aunque muchas veces no queramos que llegue, pero es lo que nos hace avanzar. Da igual, sea como que sea, ahora lo que importa es la lucha. Como dice un personaje de La caja china, los boleros tienen mucho encanto pero una gran carencia: siempre tratan del principio de un amor ( tan mágico) o de su triste final, pero ¿qué pasa con lo que hay en medio? ¿qué hay de lo realmente importante, del desarrollo, del día a día?
Pero ese es otro tema, se trataba de Un agujero en la alambrada, de Barco de Vapor, esa famosa colección de libros infantiles que disfrutamos y sufrimos en el colegio y de la que yo recuerdo tres títulos, uno de los cuales es este, la historia de un grupo de niños que viven en un pequeño pueblo (no se sabe en que época pero no hay electricidad ni automóviles) donde hay un misterioso bosque prohibido con una línea roja donde los árboles empiezan a juntarse, vigilada por guardias para que nadie la cruce. El entretenimiento favorito de los niños del pueblo ha sido siempre intentar cruzar la línea, cuando se hacen mayores, se casan y dejan de intentarlo hasta que sus hijos vuelven a lo mismo. El niño protagonista lo consigue, y el oscuro secreto resulta ser una alambrada que les separa de un misterio aún mayor, pero que tiene un agujero escondido para cruzar al otro lado. El niño consigue cruzar junto a su hermana, y al otro lado, a parte de a su madre, encuentran el futuro. Ese futuro en realidad es el presente pues han estado viviendo, sin saberlo, en una reserva rural cercada con costumbres y nivel tecnológico arcaicos, en una suerte de experimento de conservación de un modo de vida extinto dentro de un entorno en vías de lo mismo. Decía que no comparto el final porque después de darse un garbeo por el futuro y encontrar a su madre, el niño se vuelve con las dos a la reserva, donde se tiene que vivir de lujo si hubiera un hospital en condiciones y conexión a Internet, lo que no es el caso. No recuerdo los detalles que rodean la decisión; si la madre es una prófuga de la justicia o ya conocía al pastor de la reserva con el que se acaba casando… lo puedo entender. Lo que me confunde es que el autor transmite la idea (al menos a mí me lo pareció) de que la felicidad está en el campo aunque eso suponga vivir en una cárcel (por muy grande y verde que sea) con una valla física y muchas otras psicológicas. Así, concluimos que la historia termina mal aunque oficialmente no sea así. Que conste que esto no tiene nada que ver con la elección del nombre de mi blog; no recordaba todo esto cuando lo elegí, lo hice después. La elección fue algo impulsiva y lo que me vino a la cabeza en ese momento fue la idea del agujero hacia el futuro. Vivimos rodeados de alambradas, algunas de metros de altura, otras con espinos, y viene bien saber que siempre hay un agujero en algún sitio, o si no herramientas para construirlo.
Por cierto, no soy la única en destripar el final. Aquí teneís el enlace en el que también podeís encontrar una relación de los valores que aparecen reflejados… y en un foro de cYbErDark.net aparece relacionado con la peli El bosque que llevo meses intentando ver por las buenas referencias que he recibido. Curisoso… ya os contaré. Mientras, quizás busque el libro en casa de mis padres y lo vuelva a leer ¿o no? mejor conservar el recuerdo selectivo.


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