Sakamura sigue soñando
Muchos son los japoneses de los que somos fans. Algunos procedentes de mentes inquietas, como Tetsuo Gominasu o Hiro Nakamura, otros poseedores de una mente inquieta, como el gran Ken Sakamura.
Ken Sakamura, un desconocido (en Europa) profesor de la Universidad de Tokio, puso en marcha en 1986 el primer sistema operativo libre del mundo: TRON. Como bien se explica en este artÃculo, las razones de que no triunfara como el sistema libre que competirÃa con Microsoft por los ordenadores personales fueron polÃticas y no técnicas. TRON lo tenÃa todo para triunfar.
Pero después del bloqueo norteamericano y el abandono de sus socios, los grandes grupos japoneses empezando por Toyota decicieron instalar el sistema en sus aparatos a partir de 1999. Ya sea un coche, un móvil, una tele o un microondas, si es japonés, lleva el sitema de Sakamura y asà TRON a pesar de haber perdido la batalla por el software de ordenador, es el sistema libre más instalado del mundo.
Y nuestro héroe por supuesto sigue trabajando. Leo en La Vanguardia que ahora está llenando los objetos de Japón de etiquetas de identificación por radiofrencuencia (RFID).
Igual que un código de barras, permiten acceder a informaciones pasando por un asistente numérico personal y, el dÃa de mañana, con un teléfono móvil”, explica el cientÃfico. Un “ucode” pegado a una cajita de medicinas permite que el consumidor reciba, de forma visual y sonora, las instrucciones de uso o la fecha de caducidad. Todo gracias a un “communicator”, prototipo del celular del futuro, inventado asimismo por Sakamura. El terminal lee el número del “ucode” y luego consulta una base de datos distante para recibir las informaciones asociadas gracias a diversas tecnologÃas de telecomunicaciones inalámbricas (infrarrojos, diodos electroluminiscentes, red celular o local). Unos “ucodes” en las aceras pueden guiar vocalmente a un ciego, y su bastón, conectado al “communicator”, le sirve de lector.
No olvidemos que en los 80, Sakamura ya hablaba de computación ubicua, imaginando un mundo donde todos los dispositivos tendrÃan pequeñas memorias y procesadores y hablarÃan entre sÃ.
Nuestro héroe no deja de soñar y afortunadamente parece que sus compatriotas le dejan hacerlo. Por aquà nos morimos de envidia… pero tranquilos, tenemos nuestros propios héroes.


