Love Story for a vampire
La otra noche, supongo que a causa de los combinados me acordé de una peli de los 80 que vi cuando era pequeña.
Me imagino que si la viera hoy, me parecerÃa malÃsima además de que tendrÃa poco que ver con mi recuerdo pues éste, afortunadamente muchas veces, va por su cuenta construyendo una historia completamente distinta.
Por alguna razón, quizás porque la vi en ese momento de la infancia en el que te enamoras por primera vez, se gravó en mi cabeza como una de las más hermosas historias de amor posibles, indepedientemente de la eventual falta de criterio que me impedÃa tomarla (por ejemplo) como una comedia regular con estética ochentera.
La cinta en cuestión se llamaba Amor al primer mordisco y trata sobre como el Conde Drácula agobiado por los efectos violentos de la opinión pública de Transilvania sobre su persona, huye a la Nueva York de los 80 donde se enamora perdidamente de una mujer.
En esta versión de Drácula, las vÃctimas se vuelven vampiros al tercer mordisco. El conde hace gala de una encomiable constancia (¿propia de los inmortales?) para conquistar a su en principio reticente amada, asà como de todos sus talentos, como transformarse en perro para asà descubrir que a la chica le encanta que le chupen los tobillos.
Poco a poco nuestro héroe va ganando terreno pero llega el momento crÃtico del segundo mordisco. A partir de ahà empieza el dilema. Convertirse en vampiro supone un gran sacrificio, renunciar a demasiadas cosas. La situación es insoportable pues a él le cuesta demasiado esfuerzo estar en la cama con ella y no pegarle un buen ñasco. Supongo que para un vampiro, puede ser algo asà como que tu novia no te deje besarla en la boca hasta la boda, momento que puede no llegar nunca.
A parte de eso, el nivel de aceptación popular amerricano es similar al de Transilvania y el Conde empieza a hacer trámites para pedir asilo en Sealand.
Ya tienes las maletas hechas y el corazón roto y resignado cuando ella aparece en su puerta y dice sencillamente
Muérdeme, Vladimir
En fin, no os recomendarÃa la pelÃcula, mi versión es mejor
En cualquier caso, a veces conviene quitarle tragedia al mito.
Todo eso de Te amo demasiado para condenarte y Sálvame Mina (o sea, clávame la estaca) es muy hermoso pero tampoco está nada mal que por una vez Mina mande todo al carajo y renuncie a ponerse morena por disfrutar de su amor para toda la eternidad.
Que más da que no puedas mirarte al espejo. Vladimir que te adora, siempre te dirá que estás para comerte.


