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La mística del portátil

Acabo de tener ahora mismo uno de esos momentos en los que miro mi pequeño Acer y siento una especie de feliz conmoción en las entrañas. Nunca había sentido algo así con un objeto. Claro que no es un objeto cualquiera. Gracias a la conexión, se convierte en una nave, en un lanzador, en un altavoz, una pancarta, una puerta abierta, un buscador, una esponja voladora. Mañana es sábado. Tengo toda la noche para liarme con enlaces, caminos geodésicos, grados, densidades, nivel de fuerza de los vínculos, umbrales y estrategias, para pegarle fuerte al inglés hasta que la preposiciones caigan rendidas a mis pies, o meterle mano al esperanto, y además tengo a Neal Stephenson mandando provocadores mensajes, y es lo que tienen algunos hombres, que aunque tengas cosas que hacer, enganchan tanto que te llaman desde el marcalibros (o desde donde sea) y no puedes resistirte. Tengo unas diez pestañas abiertas en la pantalla, música, vino, pasta al pesto y horas por delante, todo es posible. Será posible, que esto que tengo se extienda a mucha más gente, que esto avance, que todos vean, que todos sepan, que nadie se conforme. Que la lucha acabe porque hayamos muerto o porque lo hayamos conseguido, y entonces, a disfrutar. Para lo reprimidos- fascistas- envidiosos- tergiversadores de la palabra libre y de la verdad: indiferencia (y, para que negarlo, malos deseos), aunque ni estas palabras merecen. La Red abre cosas que sus apreturas no les dejan soportar, quizás por eso tengan tanto miedo.
Mi solidaridad con periodistas y empleados varios de emisiones y cierres, pues hoy les toca guardia. Buenas noches.

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