RSS indiana

Jarrón

Anoche no me apetecía cocinar. Así que antes de ponerme la peli de todas las noches antes de quedarme dormida me bajé a cenar a Málaga, supongo que por huír del desasosiego que Madrid me produce estos días que se ha vuelto tan poco seguro para nosotros.

Decidí no ir a ninguno de nuestros sitios habituales, haciendo caso a las advertencias de Kamaji, siempre oscilando entre la precaución lógica y el terror paranoico. Hasta en sus peores profecías, la realidad le ha superado siempre.

Así que fui a la antigua estación de trenes, ahora reconvertida en macrocentro cultural y de ocio alternativo controlado por los neopicassianos, insoportables pero demasiado ocupados con su propio ombligo como para siquiera notar tu presencia.

Había un local nuevo, ni demasiado escondido ni demasiado a la vista, perfecto para una cena sencilla, cómoda, rápida y tranquila.

No pudo ser. Nada más pedir la sopa de puchero el camarero me plantó el jarrón encima de la mesa. El mismo de siempre, con sencillas ramas de hiedra serpenteando su superficie y un ramo de margaritas dentro. Esta noché no, pensé, estoy muy cansada.

El mismo jarrón de las escaleras del Arco de Cuchilleros, el mismo de Budapest, Praga, Santiago y tantos otros sitios los últimos meses. El mismo objeto hermoso y absurdo que me produce sudores cada vez que lo veo, una ansiedad resultante de mezclar miedo y deseo. Como una nueva cita cuando estás enamorado.

Un objeto cotidiano más que se volvía neón en la tranquila penumbra desde el día en que cogí el sobre de manos de una desconocida, y lo abrí y busqué y pregunté y acabé acudiendo a aquella fiesta donde te conocí, donde después de escuchar tu vida y tu proyecto durante horas, sin dejar de beber, entre humo clandestino y música de otro siglo, dije que sí; lo dije porque lo pensaba y porque lo sentía, a pesar del alcohol, y tú sabías que así era. Hay esperanza, me dijiste y te creí. Por eso sigo en esto. Por eso no me exiliado (del todo) como los demás.

Saqué el pequeño ordenador del bolsó y recé porque hubiera línea (en la costa ha habido muchos cortes últimamente, nadie sabe por parte de quién). Había. Mientras llegaba a La Médula lo puse a un lado, me remangué (mientras pensaba mañana a las 9 tengo que estar en la oficina), saqué las flores del jarrón y metí la mano.

(Continuará)

1 comentario

  1. alberto

    Sólo decir que: Guauuuuu. No se puede ser tan cruel Mary, es sádico soltar una muestra así para abrirte el apetito y dejarte sin posibilidad de lanzarte sobre el plato entero. ¡Mas, mas, mas!