Archive for Julio, 2005
Respondiendo a la pregunta de César en el post de glurps, sí parece que nos hemos puesto todos de acuerdo y no sé si estarás rodeado de rojos (morenos, unos cuantos y por lo tanto sospechosos) pero el sentido común sí que abunda a tu alrededor eso te lo puedo asegurar.
Y nos hemos puesto de acuerdo porque esto es realmente grave y cuantas más voces se alcen, mejor. Dentro de ciberpunk ( que está precioso, no digais que no) no sé con que post quedarme, con que análisis, con que frase. Me siento orgullosa de estar cerca de vosotros. Lamento que vuestra brillantez se haga evidente en respuesta a tan terrible estado de cosas, pero a la vez sé que algo se hace, que algo se avanza con vuestros dedos disparando a través del teclado, que esta es nuestra forma de luchar contra este doble terrorismo que ahora nos acosa, porque aunque limitado territorialmente uno de ellos (por ahora) todos nos sentimos británicos el 7 de julio y nos seguimos sintiendo hoy, cuando ese lugar se ha vuelto doblemente peligroso.
No hay mucho más que decir. Ese país que tanto admiramos se acerca al precipicio ciego de miedo.
Enlaces:
-¿Están consiguiendo sus objetivos?
-Boicot al turismo hacia el Reindo Unido.
-Bienvenidos al terror.
-Armas no letales.
-The world, a better places.
-Español no viajes a Londres.
-Il capo di mafia.
-Clima de guerra en el Reino Unido.
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En estos días de ajetreo y desconexión, cualquier momento es bueno para hacer amigos. Tenía como marcalibros en mi ejemplar de Los tres estigmas de Palmer Eldritch un volante de Asisa para unos análisis. Hace un par de días la suerte quiso que se manchara de gazpacho mientras comía para desdoblarlo y recordar mi cita pendiente con la aguja. Así que busqué el centro de análisis clínicos de Asisa más cercano a mi casa, y después de confirmar por teléfono con la que yo creí enfermera y/o recepcionista que no tenía demasiadas ganas de hablar, esta mañana llamaba al timbre a las 7:45 h.
La primera impresión al entrar en el piso fue bastante inquietante por varias razones. La distribución del apartamento, bastante antiguo, era desconcertante y anárquica. El recibidor parecía tener vías infinitas a espacios infinitos que se multiplicaban en miniespacios y recovecos irregulares, con gran cantidad de muebles y objetos de todos los tamaños y todos los tipos en demasiado poco espacio.
Me abrió la puerta una señora mayor demasiado pequeña y muy entrañable con un extraño atuendo blanco que nunca había visto en un centro de análisis. Lo primero que encontré fue un salón con una mesa de desayuno, tostadas, té, mantequilla y yogures y la banda sonora de 7 novias para 7 hermanos a toda pastilla.
Pero lo que me inquietó de verdad fue ver el intrumental, los tubos y una silla de oficina con ruedas y el apoya-brazo adaptado en un espacio indefinible que debió ser una cocina algún día y que tenía una decoración entre manga, cine negro y Blade Runner. Espeluznante y a la vez increíblemente atrayente. Lo curioso era que la señora parecía la cuñada del milagroso Max de La princesa prometida, salvo por el atuendo blanco y el gusto por los musicales.
Me tranquilicé al comprobar que una vez con la aguja en la mano, no le temblaba tanto el pulso, y sabía lo que hacía. Resultó ser esa abuela que tanto se echa en falta en algunos momentos, como por ejemplo… el de un análisis.
Como siempre, olvidé por completo la muestra de orina, así que la buena señora me dio agua fresca y conversación hasta que media hora después fui capaz de ir al baño.
Le pregunté porque sonaba siempre el mismo tema de 7 novias para 7 hermanos, y me dijo que estaba intentando pasar la peli de DVD a vídeo para un amigo ciego (¿?) pero que no era capaz, que si yo podía ayudarla, que su vecino, el que siempre le ayuda en estas cosas y con el ordenador, estaba de vacaciones.
Le dije que no, que yo también tenía siempre que pedir ayuda para estos temas.
De alguna forma, nos identificamos y comprendimos. Hablamos de la impotencia que esto produce, de la necesidad de alfabetización tecnológica, de lo que cuesta avanzar en soledad pero también de las alegrías que da cuando sale bien, de cómo la vida es más fácil, más rica y más placentera, de la cantidad de cosas nuevas que descubre gracias a gente como su vecino.
Así acabé hablandole de ciberpunk, y le gustó mucho. “Así se cambia el mundo y no con violencia” me decía, “ese es el tipo de espíritu que necesitamos en este país”. No sé, creo que me entendió y que leerá ciberpunk. Cuando recoja los resultados, comprobaré que estoy sana y que no ha sido un sueño.
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Agotadora semana que por fin terminó en un finde de relax. Con la resaca de los atentados aún en la garganta, ritmo intenso de trabajo durante 5 días, sin descanso, revisiones médicas, asamblea ciberpurk y bajones de tensión y de ánimo. Sigo sin conexión, sigo anclada, y lo llevo bastante mal.
Pero no hay nada como un par de gin-tonics en buena compañía, dormir 14 horas seguidas, pasarte por una fiesta donde se pilla la wifi del vecino (por aquello de quitarse un poco el mono) y hacer limpieza general en el cuarto, tirando a la basura papeles, ropa, recuerdos, complejos y fantasmas, y decorando las paredes después de un año viviendo allí. Viene bien.
Madrid en alerta por el calor. Pasa lo mismo que con el frío en invierno. Hasta que no te dicen los grados que hay no lo pasas tan mal. Tiene su parte divertida. Te refugias en casa durante el día, huyendo del Sol como un vampiro igual que en invierno bajo el edredón. La idea de refugio siempre me gustó. Y al llegar la noche, duermes con la ventana abierta de par en par, quizás para no sentirte tan solo, dejando que la vida del patio suba en remolino hasta tu cama, esos ruidos como fotos sonoras de tantas y tan diferentes vidas buscan los oídos de los sudorosos durmientes y así se cuelan en tus sueños riñas y llantos, gemidos y orgasmos, despertadores y grandes éxitos musicales de ayer de hoy y de siempre.
Y si en tu cine favorito no se estropea el aire acondicionado, parece que La guerra de los mundos de Spielberg merece incluso una pequeña insolación si se decide ir al primer pase, mientras esperamos ansiosos a que llegue la versión cinematográfica de uno de nuestros clásicos favoritos La guía del autoestopista galáctico (no salga de la Tierra sin ella) y aún más ansiosos las dos últimas masterpieces de nuestro gran Tim Burton. Si no, no tendrá ni de lejos la misma calidad, pero la productora de Emilio Aragón está grabando ya una serie para teléfonos móviles en la que una familia alienígena de vacaciones se pierde aterrizando, como no, en la Tierra. Seguro que los guionistas no saben para todo lo que puede servir una toalla.
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Sobremesa sentada con mi portatil frente a la ventana (con reja y todo, y con albahaca) con vistas al patio.
No es mi ventana ni mi patio, pero como si lo fueran, pues estoy allí donde la puerta siempre está abierta para los que tienen hambre, frío o demasiado calor, para una ADSLless como yo que además lleva toda la semana con bajones de ánimo y de agotamiento, sin siquiera ganas de escribir.
A pesar del asilo (que agradezco infinitamente), es muy duro despertarse por la mañana y no poder conectar o llegar por la noche a casa, de donde sea y tener la ventana al mundo cerrada, a cal y canto y no poder hacer nada. Mi casa ya no es mi casa, es una cueva varada, perdida y ciega.
Pero ahora estoy aquí, en el refugio de las naves perdidas, después de un arroz delicioso y buen café, y rodeada de ternura. El patio es diferente. Más andaluz, estamos al nivel del suelo, con plantas, vecinas escandalosas que pasan y saludan y un piano de fondo. Aquí no se nota el calor sofocante de la calle. Hay mucha, mucha paz.
Leemos la sutil, imperdonable y denunciable incitación al odio de Periodista Digital, que no se merece ni este enlace y que nunca más volveré a leer. Para mí esta página que hasta ahora siempre estaba en mi navegador ha dejado de existir gracias a un artículo cruel en un momento lleno de dolor para todos, en el que a parte de la solidaridad debe primar el análisis y el sentido común, lo que quiere decir no comentar desde un medio de comunicación la conveniencia de medidas no sólo enormemente racistas e injustas sino claramente contraproducentes si lo que queremos es que esta guerra acabe algún día.
Creo que estamos de acuerdo con David. Yo al menos, lo estoy.
Feliz domingo a todos.
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Cómo contar este fin de semana en Barcelona. Cómo explicar una noche ciberpunk. Cómo decir adecuadamente que te has sentido como en casa, que los contratiempos no importan, que todo fue genial.
Como hablar… de ese baño reparador en el mismo mar que no disfrutaba desde hacía un año, de esa arena que se te queda dentro y no quiere irse, de ese azul. Estaba todo tan azul que hacía daño. Barcelona estaba más bonita que nunca.
Faltan fotos, gran fallo. Aunque encontraré la cámara, perdida en un rincón y alguna habrá que merezca la pena y alguna otra que no me dejen colgar. Pero no importa. En las fotos no saldrían los ruidos del Raval (que a veces no te dejan dormir de día), ni el arrullo del mar, ni las voces, ni el sabor del sushi, el olor de la Barceloneta o el brillo de la Plaza de Colón por la noche.
Gracias a la RENFE, por haber mejorado considerablemente esta línea, y a vosotros por haberlo hecho posible.
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