Calor en ChamberÃ
Agotadora semana que por fin terminó en un finde de relax. Con la resaca de los atentados aún en la garganta, ritmo intenso de trabajo durante 5 dÃas, sin descanso, revisiones médicas, asamblea ciberpurk y bajones de tensión y de ánimo. Sigo sin conexión, sigo anclada, y lo llevo bastante mal.
Pero no hay nada como un par de gin-tonics en buena compañÃa, dormir 14 horas seguidas, pasarte por una fiesta donde se pilla la wifi del vecino (por aquello de quitarse un poco el mono) y hacer limpieza general en el cuarto, tirando a la basura papeles, ropa, recuerdos, complejos y fantasmas, y decorando las paredes después de un año viviendo allÃ. Viene bien.
Madrid en alerta por el calor. Pasa lo mismo que con el frÃo en invierno. Hasta que no te dicen los grados que hay no lo pasas tan mal. Tiene su parte divertida. Te refugias en casa durante el dÃa, huyendo del Sol como un vampiro igual que en invierno bajo el edredón. La idea de refugio siempre me gustó. Y al llegar la noche, duermes con la ventana abierta de par en par, quizás para no sentirte tan solo, dejando que la vida del patio suba en remolino hasta tu cama, esos ruidos como fotos sonoras de tantas y tan diferentes vidas buscan los oÃdos de los sudorosos durmientes y asà se cuelan en tus sueños riñas y llantos, gemidos y orgasmos, despertadores y grandes éxitos musicales de ayer de hoy y de siempre.
Y si en tu cine favorito no se estropea el aire acondicionado, parece que La guerra de los mundos de Spielberg merece incluso una pequeña insolación si se decide ir al primer pase, mientras esperamos ansiosos a que llegue la versión cinematográfica de uno de nuestros clásicos favoritos La guÃa del autoestopista galáctico (no salga de la Tierra sin ella) y aún más ansiosos las dos últimas masterpieces de nuestro gran Tim Burton. Si no, no tendrá ni de lejos la misma calidad, pero la productora de Emilio Aragón está grabando ya una serie para teléfonos móviles en la que una familia alienÃgena de vacaciones se pierde aterrizando, como no, en la Tierra. Seguro que los guionistas no saben para todo lo que puede servir una toalla.



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